Son las escotaduras, que muestran las curvaturas de tus accidentes más pronunciados, aquellas que me enloquecen cuando no hago más que pensar en tu figura virtual.
Me desorientan tus recorridos por canales jamás transitados, y esas extrañas uniones que realizaste durante tus largos trayectos.
Las cosas más visibles no son siempre las más externas, pero puedo asegurarte que tus rasgos superficiales engañaron a mis sentimientos más profundos.
No se trata de describir todas tus relaciones, sino de comprender la función de ellas. Siento que perdiste tu eje y que tu mirada dejó de ser frontal. Ya no pertenecemos al mismo plano.
Me siento en mi silla turca buscando aquella estrella de Scarpa, pero es inútil, pues cada vez son más frecuentes las variaciones, y hasta la misma forma semilunar es inconstante.
Encuentro anillos que ni Sóleo ni Zinn pueden ver, pero que alguna vez tus falanges contuvieron, mientras estaban tibias.
Escucho una canción por la radio que me recuerda a cómo te perdí, sonaba la Corona mortis, cuando tus miembros se alejaron, para siempre, de mí.
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