Las copas callaron sus cristales; fue como en aquella tarde en que las oí caer.
Callaron el silencio del estallido, pero no contuvieron la explosión de sus cuerpos frágiles y cristalinos.
Silenciaron a más no poder, con el espíritu inquieto que las perturbaba, pero que las mantenía en pie.
Recordé aquel día en que callaste tus cristalinos labios y que no confesaste el estallido del amanecer.
Suena lindo, pero ya no sonará tu explosión ni se verán tus cristales.
Hoy me detengo a reflexionar y concluyo que, esta vez, no fue el silencio de tus palabras, sino la liberación de las mismas, lo que produjo el estallido caótico de las copas.
Una vez callaste y eso cobró un precio, pero los cristales se mantuvieron en pie, enteros como en aquella tarde en que los oí caer.
Hoy, los cristales, ya rotos, no volverán a ser aquella copa que alguna vez representaron, pero que, afortunadamente, ya no callan y, hasta que la última palabra no abandone el silencio, continuará la explosión.
domingo, 14 de enero de 2007
Cristales
sábado, 13 de enero de 2007
Sueño de escritor
pero su lápiz escribía
frases cortas y sencillas,
pero profundas.
Usando un lápiz imposible de borrar
escribía de una forma muy particular,
pues todo aquello que escribía
era lo que vivía y no decía.
Para él escribir es soñar
un sueño de nunca acabar.
Desafiando lo terrenal
de este mundo tan material.
A mi sorpresa, y a mi no entender,
ese lápiz jamás se pudo detener,
quién sabe hasta cuándo escribirá,
quién sabe si el escritor despertará.
jueves, 11 de enero de 2007
Polvo eres
Hay momentos en los que el dolor no puede ser manifestado con palabras, y sólo se manifiesta físicamente. Ataca al inocente, al débil, y al que nada puede hacer más que entregarse.
“Del polvo venimos y al polvo volvemos”, en todo momento somos polvo, y aunque no lo tengamos presente, la vida nos lo recuerda en algún momento.
Duele ver dolor, duele ver sufrimiento y duele, sobretodo, saber que nada se puede hacer. El mayor anhelo es que suceda rápido, pero que no suceda.
Y cuesta ver el deterioro diario, el sufrimiento constante y es imposible ser fuerte para dar fuerzas.
De un día para otro la vida puede cambiar, y eso lo noté en los últimos meses de mi vida. Una noticia inesperada derrumba todo, absolutamente todo, pero hay que seguir.
El año recién empieza, pero ya sucedió bastante y no quiero que siga sucediendo.
Si en el comienzo me quedo sin fuerzas ¿cómo hago para llegar al final?
Odio el pesimismo, pero el optimismo en vano no cura heridas.
No me ilusiono con el futuro, pero trato de vivir el presente de la mejor manera posible… hoy estás conmigo, entonces hoy soy feliz.
Mañana seré feliz porque alguna vez estuviste conmigo, y eso nada ni nadie me lo quitará.
miércoles, 10 de enero de 2007
Literatura remixed
Pero no decidiste escribir una novela de aventuras, y tampoco una romántica. No me tuviste en cuenta para la escena, pero no importa, ya estoy acá.
No querías escribir una fábula ni tampoco se te cruzó por la cabeza hablar sobre la moral humana. No quisiste escribir un libro de autoayuda ni poesías.
Tampoco pensaste en la posibilidad de escribir cuentos cortos, artículos, ni leyendas. Los mitos no formaban parte de tus costumbres, así que tampoco imaginaste escribir algún que otro soneto.
Las obras teatrales te perturbaban, y sé que los ensayos también, entonces no pierdas el tiempo en cuentos largos.
Me hablaste de la imaginación, del pasado, del presente, del futuro, del amor, de las penas y del más allá que todavía no pudo ser.
Me llenaste los oídos de poesías sin rimas, de diptongos, hiatos y versos octosílabos sin sentido. Deliraste con metáforas absurdas y personificaste todo lo que se te vino a la mente.
No me hables de las obras realistas ni del realismo mágico que intentaste separar en estrofas, y que erróneamente escribiste en prosa. Usaste encabalgamientos en literatura gauchesca y me hiciste creer en una historia de caballería.
Desafiaste al propio Borges y ahora decidiste centrarte en amores no correspondidos y en el beatus ille. No intentes convencerme de que la literatura es fantástica. El carpe diem ya no refleja lo mismo que antes y el romanticismo ya no tiene los movimientos del barroco, todo aparenta ser igual a la literatura clásica. Tus textos verosímiles pasaron a tener un tinte dadaísta. Siento que ya nada es igual, hasta los cuentos de terror perdieron su gigantomaquia.
Escribiste narraciones líricas para expresar tus sentimientos, aquellos que alguna vez recitarías en soliloquios.
No quiero que te arrepientas de los finales abiertos, de las comedias que terminaron en tragedias, ni de aquellos monólogos que me recitaste al oído.
Quiero que recuerdes todos aquellos discursos que parafraseamos juntos y que anheles esa retórica que alguna vez refutamos.