Su cuerpo ya dormía,
pero su lápiz escribía
frases cortas y sencillas,
pero profundas.
Usando un lápiz imposible de borrar
escribía de una forma muy particular,
pues todo aquello que escribía
era lo que vivía y no decía.
Para él escribir es soñar
un sueño de nunca acabar.
Desafiando lo terrenal
de este mundo tan material.
A mi sorpresa, y a mi no entender,
ese lápiz jamás se pudo detener,
quién sabe hasta cuándo escribirá,
quién sabe si el escritor despertará.
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