Espejismo de sucesos no continuos, pero casi. Psicodelia de tu locura y sonidos ultravioletas. Sonidos y más ruidos que aparecen día a día. La contaminación auditiva crece, la visual no. Yo sigo sentada en ese mismo umbral, en el que me encontraste aquella vez, no tan lejano en distancia, pero sí en recuerdos.
Te acercaste y murmuraste a mi oído decibeles suaves y monótonos, pero no me adormecí, te escuché y permanecí sentada.
Observé todo aquello que sucedía a mí alrededor y, entre todas las modas, te encontré una y otra vez. Cambiaron los sonidos, pero mi locura persistió, resistiendo a toda contaminación.
Los infrasonidos controlaban mis deseos y, sin querer, me dejé llevar. Dibujé un arco iris con mi mirada creyendo que con eso finalizaría tu hipnosis, pero ¿hasta qué punto?
Las tardes en el umbral fueron nubladas, pero elegí quedarme y esperar aquel oasis que quizás no llegaría. Sabía que no había nada que perder.
Vi envejecer a toda una población, mientras la contaminación no vislumbraba cesar. Murieron árboles y curiosamente la raza humana se fortaleció. ¡Qué curioso es ver cómo vitaliza el poder!
Espejismos de colores grises y carcajadas malévolas. Desde el umbral visualicé atentamente cómo el Hombre mataba a su propia madre Tierra, con torturas previas y perversas.
Lamentablemente, otra vez te encontré en una moda insignificante y ridícula. Fuiste posesivo, violento y perverso. Atentaste contra toda vitalidad, olvidando que yo seguía allí sentada, observándote desde el umbral.
martes, 20 de febrero de 2007
Desde el lejano umbral
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario