Lunes 9 de julio, Día de la Independencia.
Creo que no es casualidad que haya ocurrido en un día feriado.
Me levanté de la cama pensando en que no tenía ganas de empezar otra semana de lo mismo. Otro lunes aburrido, de invierno, con un tema larguísimo de anatomía por resumir para el día siguiente.
Esperé el almuerzo mientras le mandaba un mensaje a una amiga para juntarnos a estudiar.
Miré por la ventana, al mismo tiempo que escuché la voz de mamá de fondo diciendo: "Agus, abrigate que hoy hace frío". Estaba nublado y parecía que iba a llover.
Me senté a comer mientras miraba la novela, pero me preocupaba tener salir a la calle con lluvia y esperar al colectivo con el frío insoportable de estos últimos días; realmente no tenía ganas de pasar por todo eso.
De repente sonó el teléfono, era mi amiga. Atendí y le dije que en pocos minutos salía para allá. Miré por la ventana y vi como caía una especie de granizo, por lo que le dije en chiste: "me voy a tener que abrigar hoy, hace tanto frío como si fuera a nevar". Corté el teléfono y terminé mi almuerzo.
Guardé todos mis libros en la mochila y miré una vez más por la ventana... ¡ estaba nevando!
No creí que fuera cierto, pero lo comprobé al salir de mi casa y ver, en todas las esquinas, familias con cámaras fotografiando aquellos pequeños copitos de nieve.
El viento se tiñó de blanco y la nieve en Buenos Aires se convirtió en un hecho histórico.
Creo que no es casualidad que haya ocurrido en un día feriado.
Me levanté de la cama pensando en que no tenía ganas de empezar otra semana de lo mismo. Otro lunes aburrido, de invierno, con un tema larguísimo de anatomía por resumir para el día siguiente.
Esperé el almuerzo mientras le mandaba un mensaje a una amiga para juntarnos a estudiar.
Miré por la ventana, al mismo tiempo que escuché la voz de mamá de fondo diciendo: "Agus, abrigate que hoy hace frío". Estaba nublado y parecía que iba a llover.
Me senté a comer mientras miraba la novela, pero me preocupaba tener salir a la calle con lluvia y esperar al colectivo con el frío insoportable de estos últimos días; realmente no tenía ganas de pasar por todo eso.
De repente sonó el teléfono, era mi amiga. Atendí y le dije que en pocos minutos salía para allá. Miré por la ventana y vi como caía una especie de granizo, por lo que le dije en chiste: "me voy a tener que abrigar hoy, hace tanto frío como si fuera a nevar". Corté el teléfono y terminé mi almuerzo.
Guardé todos mis libros en la mochila y miré una vez más por la ventana... ¡ estaba nevando!
No creí que fuera cierto, pero lo comprobé al salir de mi casa y ver, en todas las esquinas, familias con cámaras fotografiando aquellos pequeños copitos de nieve.
El viento se tiñó de blanco y la nieve en Buenos Aires se convirtió en un hecho histórico.
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